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Valle de Isábena

Adentrarse en la cuenca del Isábena es seguir la arteria principal del corazón de la Ribagorza y como botón de muestra un monumento que nos lleva los orígenes del condado: La catedral de Roda. Siguiendo el río, aguas arriba, nos aparece Obarra, el monasterio románico que nos abre al valle.

Al oeste el Turbón, convertido en montaña-mito. En el recorrido encontramos muy pocas personas, el éxodo ha sido imparable, pero las que quedan conservan estos pueblos y paisajes y nos acogen con su tradicional hospitalidad. Además queda mucho por visitar…

En el valle de Isábena podemos visitar pueblos aldeas poblaciones de gran tipismo, montañas, formaciones rocosas, monasterios, etc

  • Capella
  • Torrelabad
  • Lascuarre
  • Castillo de Monesma
  • Cajigar
  • Sierra de Güell
  • Roda de Isábena
  • La Puebla de Roda
  • Merli
  • San Esteban del Mall
  • Serraduy
  • Sierra de SIS
  • Visalibons
  • Las Vilas del Turbón
  • El turbón
  • Calvera
  • Monasterio de Obarra
  • Valle de Espes
  • Laspaúles
  • Villarrue
  • Las encantarias ribagorzana

En la Ribagorza las hadas reciben el nombre de “encantarias”. En el pasado fueron seres humanos que en virtud de alguna maldición adquirieron ese estado y, por tanto, pueden ser liberadas de su encantamiento. Desencantarlas no es nada fácil porque, a veces, están guardadas por alguna serpiente o dragón. En ocasiones la encantaría adopta forma de serpiente.

No se deben perturbar las danzas, el juego o el baño de estas hadas, aunque su reacción no siempre es la misma. Los humanos, en caso de entrar en su mundo, no debían participar en sus danzas ya que podían terminar siendo sus esclavos. A pesar de ello, quiero de casa Farré de Espés se las encontró en la noche de San Juan junto a la ermita de las Aras. Estaban bailando, sus danzas embelesaban, la música sobrecogía. Una de ellas le invito a bailar. Al finalizar el baile y antes de desaparecer todo aquel mundo de magia y embrujo de sus ojos, la encantaría le reveló que era la reina de todas ellas. El arriero no olvidaría en su vida aquella noche.

Para poder verlas hay que acudir la noche de San Juan a determinados lugares. Esa noche las encantarias y van al río hacer la colada, después la extendían y, mientras se secaba, iniciaban sus juegos y danzas.

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